Los estadounidenses aman a las familias, pero sus políticas no

El amor a las familias une a los políticos. La palabra “familias” es una de las que más dijeron Donald Trump y Hillary Clinton en sus discursos de campaña. Tanto demócratas como republicanos tienen plataformas para las familias de clase media, de clase trabajadora y de miembros del Ejército. Además, los candidatos que necesitan avales de buena conducta o a alguien que esté detrás de ellos en sus conferencias recurren constantemente a su familia también.

Sin embargo, la semana pasada fue un recordatorio de una enorme contradicción acerca de la familia en la política estadounidense: las familias son símbolos poderosos, valiosos para los políticos y venerados por los votantes. Sin embargo, las políticas estadounidenses son incongruentes y débiles, en comparación con las de muchos otros países, respecto del apoyo a las familias.

En días recientes, el enfoque estuvo en la separación de niños inmigrantes de sus padres en la frontera mexicana por parte del gobierno de Trump. La contradicción también es clara en muchos otros aspectos, según críticos de izquierda y de derecha: justicia criminal, bienestar infantil, permiso familiar, cuidado infantil, atención a la salud y educación.

“Hay una incongruencia básica cuando decimos que apoyamos a las familias, que tenemos políticas que las apoyan, cuando en realidad tenemos las peores políticas familiares de cualquier democracia desarrollada de altos ingresos”, dijo Dorothy Roberts, una profesora de Derecho y Sociología en la Universidad de Pensilvania. “No tenemos políticas que favorezcan a las familias en absoluto”.

Separamos familias todos los días en los sistemas de justicia criminal y bienestar infantil, a menudo de manera tan abrupta como en la frontera. Algunos padres tienen problemas para mantener a sus hijos sin políticas federales como el permiso familiar pagado y el cuidado infantil subsidiado ofrecidas en otros países.

De maneras menos visibles, incluso las políticas y los programas con el objetivo de apoyar a las familias pueden afectarlas. Algunas familias califican para obtener menos beneficios federales que ayudan a la clase pobre y trabajadora, como el crédito fiscal por ingresos de trabajo y Medicaid, si los padres se casan. Muchos estados que dan prioridad a la atención médica infantil no ofrecen apoyo alguno a sus padres, a pesar de la evidencia de que los niños obtienen mejores resultados cuando sus padres también tienen buena salud.

En el sistema de bienestar infantil, los trabajadores sociales con frecuencia son indiferentes al papel de los padres, a pesar de la evidencia creciente de su importancia para el bienestar de los niños. Además, los sistemas de prisión que cuentan con visitas familiares ignoran lo que han aprendido los investigadores acerca del contacto físico: ver a los padres a través de vidrio acrílico representa un trauma para los niños.

Antes de la década de los setenta, los políticos rara vez hablaban de las familias, de acuerdo con una investigación de los politólogos Steven Greene y Laurel Elder, quienes han analizado el lenguaje utilizado en discursos políticos. Para 1992, los conservadores ya utilizaban la frase “valores familiares” como lema y arma para lanzar críticas. Las familias se hicieron más politizadas, argumentan Greene y Elder, en tanto que la familia estadounidense sufrió cambios importantes: más madres trabajadoras, más padres solteros y del mismo sexo y el surgimiento de una crianza más intensiva.

A lo largo de este periodo, la familia se ha vuelto el centro de la división filosófica entre la izquierda y la derecha, aunque ambos bandos afirmen que el tema que más les preocupa son las familias. Según la izquierda, el gobierno desempeña un papel esencial en la protección y el apoyo a las familias, a través de programas como Medicaid o un salario mínimo más alto. Según la derecha, parece que el gobierno muy a menudo resulta una carga para las familias, que necesitan impuestos más bajos y menos regulaciones.

“La familia y la crianza son un símbolo político muy potente”, dijo Greene, un politólogo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. “Los políticos han aprendido que sin importar cuál sea la política, envolverla con el lenguaje de la familia y los niños —ya sean demócratas o republicanos— es una estrategia muy efectiva”.

Según esta lógica, incluso la política de separación de familias que impuso el presidente Trump en la frontera podría considerarse profamilia. “Si los inmigrantes están llegando para quitarte el trabajo, entonces esta política es profamilia”, comentó Greene.

Le preocupa que la politización de la familia sea negativa para la creación de políticas. Conforme la familia se vuelve un símbolo culturalmente cargado, que evoca todo y con el que se justifica cualquier cosa, se vuelve más difícil idear políticas reales que aborden necesidades de verdad, señaló.

En este clima, las familias se han convertido en el punto focal de partidistas acusados de ser hipócritas, en ambos bandos.

Los conservadores, según los críticos, valoran a las familias nucleares tradicionales, pero apoyan la separación de familias inmigrantes. Los liberales, acusan los críticos, dicen que no se debe separar a los niños de sus padres, pero toleran el divorcio fácil y la crianza por parte de padres solteros.

“Para la gente en la izquierda que ha condenado la separación de hijos y padres, esa lógica debería aplicar a otros problemas familiares, como el divorcio y la crianza por parte de padres solteros, algo con lo que no estarían tan contentos”, dijo Brad Wilcox, un sociólogo de la Universidad de Virginia e investigador en grupos de investigación sobre la familia con tendencias de derecha.

La investigación es clara en cuanto a que las experiencias adversas en la infancia, como la separación de los padres, son dañinas para los niños. Sin embargo, la izquierda y la derecha tampoco están de acuerdo respecto de qué factores entrelazados enfatizar para ayudar a las familias: las fuerzas estructurales más amplias como la economía o las decisiones más personales como casarse.

“Al enfocarse solo en las estructuras familiares benéficas, es fácil tratar superficialmente las barreras estructurales que las obstaculizan”, dijo Michelle Janning, una socióloga de la Universidad Whitman y académica sénior en el Consejo sobre las Familias Contemporáneas. “En vez de decir: ‘Apoyemos a todas las familias’, están diciendo: ‘Apoyemos a ciertas familias’, e ignoran la desigualdad existente”.

Sin embargo, la izquierda y la derecha están bastante de acuerdo en los principios de lo que beneficiaría a las familias, como ayudar a que los padres mantengan a sus hijos financieramente y también a mantenerlos saludables. Además, hay un fuerte consenso entre los investigadores acerca de lo que necesitan las familias y qué sucede cuando los niños no cuentan con ese apoyo.

¿Cómo lucirían las políticas estadounidenses dirigidas a las familias si se parecieran más al lenguaje político que las celebra?

El sistema de bienestar infantil también valoraría a los padres, dicen los investigadores. Las llamadas telefónicas en prisión que mantienen conectadas a las familias no tendrían un costo exorbitante. Los beneficios gubernamentales no penalizarían a los padres por casarse. El sistema de cuidado infantil no confundiría las consecuencias de la pobreza con el descuido de los niños. El permiso familiar pagado y la educación preescolar pública ayudarían a los padres a permanecer en la fuerza laboral. Además, las políticas apoyarían los vínculos familiares que necesitan los niños, sin importar el tipo de familia.

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Artículo tomado de: https://nyti.ms/2NodYsP


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