La importancia de que juegues con tus hijos (después será demasiado tarde)

Una de las cosas que más me llamaron la atención del Pueblito Lindo la primera vez que aparecí por allí, fue observar que por las tardes no se ponía la televisión. Abuelas, tías y sobrinos se reunían alrededor de la mesa camilla (sí, esa tan famosa que cubre piernas, braseros y siestas) para jugar. ¡Jugar!

Sobre las seis de la tarde, sacaban un juego y destinaban un par de horas a disfrutar y a entretenerse con ellos. Había días en los que tiraban de la costumbre y jugaban al dominó, a las damas, al ajedrez, a aquellos Juegos Reunidos que todos hemos tenido (en mi caso, de los cuarenta juegos, solo entendía tres…), pero había otras veces en las que apostaban por los juegos tradicionales del pueblo, con las típicas reglas pactadas desde los ancestros. Observarlos jugar, además de convencerme de que sí, el pueblo era como la aldea gala de Astérix, el último reducto de algo, me llevó a mi infancia, a esos días con mis padres y abuelos jugando al Monopoli, al Imperio Cobra y a otros juegos de la época. Y lo vi lejano, creedme, súper lejano. Y, abusando de las conjunciones copulativas, tengo que confesar que pensé en mis alumnos, sobre todo en aquellos que no toleran la frustración, que la lían parda cuando se les propone un juego en el patio, en los muchos que se saltan las reglas, en los que solo juegan para ganar, para tener algún tipo de poder, en los que solo quieren destacar.

La pregunta era obvia… ¿Con quién jugáis en casa?

Mayoría abrumadora de «con la consola». Mi corazón por los suelos, los ánimos a rastras y la conciencia hecha guiñapos. En serio, ¿qué les estamos haciendo a los niños? ¿Delegamos todo en los colegios? Entended, por favor, que generalizo en este artículo a pesar de ser consciente de que hay familias que no siguen esta premisa, pero necesito destacar la realidad de muchos para que entre todos nos mentalicemos sobre la importancia del juego en familia. Establecer normas, respetarlas, aprender a perder sin pensar que el mundo se nos cae encima, saber valorar las estrategias de los demás, jugar por jugar… Fue entonces cuando me vino a la mente Diego Ibáñez Segarra, autor de juegos y propietario de una de las tiendas más especializadas sobre juegos, y de la charla que nos dio en el colegio sobre los juegos cooperativos. Encantadísima de hablar con él, le pregunté sobre algunos consejos sobre los juegos cooperativos más adecuados para nuestros niños de infantil y primaria. Os dejo con sus interesantes palabras:

“Con la creciente oferta de juegos de mesa de los denominados “modernos” (y con esto no me refiero a la edición del Monopoly de la última serie de Disney Channel), han aparecido en los últimos años una serie de juegos cooperativos que nos plantean un escenario diferente al del juego tradicional. Así pues, frente a la idea de que sólo un jugador (o dos en los juegos por parejas como el mus o el guiñote) puede ganar, nos enfrentamos a un reto en equipo, en el que o todos ganamos o todos perdemos, haciendo que los jugadores tengan que colaborar para conseguir un objetivo común. Esta situación de partida permite a los jugadores establecer lazos de confianza mediante el desarrollo de estrategias conjuntas a la vez que refuerza el sentimiento de pertenencia cuando, tras una partida compartimos la alegría de la victoria o el aprendizaje que supone una derrota (y para los que tenemos hijos con poca tolerancia a la frustración, os aseguro que las derrotas compartidas se asumen bastante mejor).

Entre los juegos cooperativos a los que podemos jugar, la variedad es inmensa y adaptable casi a cualquier edad, desde el reto memorístico que nos plantea “El Frutalito” (+3), en el que tenemos que evitar que un alegre cuervo se coma nuestras cerezas, pasando por “Woolfy”(+5), en el que nos metemos en el papel de los 3 cerditos intentando construir una casa de ladrillo antes de que nos coma el lobo o “Leo”(+6), en el que tenemos que ayudar a un simpático leon a que llegue al peluquero sin distraerse demasiado, ya que si no veremos cómo su melena va creciendo desmesuradamente.

Pero si nuestros hijos tienen espíritu aventurero, siempre podemos enrolarnos en una búsqueda por encontrar los tesoros que esconde “La Isla Prohibida” (+10) antes de que se hunda en las profundidad del océano o emular las aventuras medievales que nos propone “Las Leyendas de Andor”(+10), por no hablar del frenético reto que propone “Magic Maze” (+8), en el que tenemos que mover a nuestros héroes por un centro comercial siempre cambiante y en completo silencio.

Los hay también que retan a nuestra lógica y capacidad de razonamiento, como la serie “Unlock!” (+10) o “Exit”(+12), que trasladan a la mesa las sensaciones de las tan en boga Escape Rooms. Mención aparte merece “Hanabi” (+8), una pequeña joya (cabe en un bolsillo), en el que algo a la postre tan sencillo como hacer cinco series de colores puede convertirse en un gran quebradero de cabeza…

No son todos los que están, ni están todos los que son y nos dejamos en el tintero algunos de los imprescindibles, pero siempre podéis acercaros a una tienda especializada a que os recomienden el juego que más se adapte a vuestros gustos”.

¿No os han entrado ganas de ir corriendo a una de las muchas tiendas especializadas que hay en España a descubrir qué maravillas esconden? Y lo más importante, ¿no os morís de ganas de jugar un ratito con vuestros peques? Seguro que para ellos, no hay mejor compañero de juegos.

educación con juegos

Artículo tomado dehttps://bit.ly/2LZklln


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